Eduardo Alegría Olivares.
En honor a la verdad, el artículo en relación a los "Chacales del desierto de Calama" registra muchas impresiones. Lo que sí está claro que con la muerte del mayor Delmás (Vargas) y, posterior fusilamiento de Hernández y Villanueva, muchos quedaron protegidos. Fueron los "chivos expiatorios" de una maquinaria sanguinaria y de muerte que operaba amparada por el Estado de la época, donde uniformados e inclusos muchos civiles participaban de estas siniestras maniobras. El silenciar sus vidas, evitó que el espiral de la investigación llegará a los verdaderos autores. No debemos olvidar que eran muy común los robos y asaltos a los bancos durante fines de los 70 y los primero años de los 80. El gobierno siempre acusó a los extremistas, siendo probable que si se hubiese investigado cada uno de ellos con acuciosidad, los hechos acontecidos en Calma no se hubiesen registrado, porque hubiésemos sabido antes que los verdaderos autores estaban dentro del aparataje de represión del Estado de Chile. ¿Algún juez hubiese sido tan valiente en Chile para ordenar investigar a fondo cada uno de los hechos que acontecían en aquella época en el país?
Es importante saber dónde están los 15 millones de dólares que nunca fueron encontrados, tras la detención de Hernández y Villanueva. Estos no se los tragó la tierra ni están escondidos en el desierto, como apunta la nota, estos quedaron en poder de personas u, en la propia CNI para continuar con la represión de miles de chilenos.
En cuanto a que Mónica Madariaga vio a los ex CNI en España es absolutamente falso. Es algo que popularmente se inventó y no existe artículo de prensa alguno que lo avale, de manera que mal podría indicarse a ella como autora de esos dichos. Lo que sí es cierto, es que la esposa de Hernández y sus hijos se fueron a vivir a España, desconozco si habrán retornado o hicieron su vida en Europa, pero la decisión familiar fue por algo razonable: los menores no tenían culpa alguna de tener un padre criminal. La única forma que pudieran llevar una vida sana y normal era viajar para criarse y crecer en cualquier parte del extranjero, porque de quedarse en Arica, desde donde son originarios, o en cualquier otra ciudad les sería imposible por el llevar el apellido de uno de los asesinos de los bancarios del Banco del Estado, Coronel (r) Manuel Castillo Ibaceta, Alcalde de Arica en aquellos años y suegro de Hernández tenía influencia y contactos, de manera que para él lo más sensato y como una forma de limpiar el honor de la familia ensangrentada por Hernández, era enviarlos fuera del territorio nacional.
Fui uno de los periodistas que en aquellos años me desempeñaba en el Mercurio de Calama, de manera que me correspondió cubrir el caso desde sus inicios y, también fui testigo del fusilamiento de ambos. Durante el desarrollo de los hechos, tuve problemas con las autoridades militares de la época, acusándome incluso de "contraponer al pueblo contra las autoridades" y esto como consecuencia que los Alcaldes de Calama y San Pedro de Atacama, amigos Hernández y Villanueva, declararon durante el proceso a favor de quienes posteriormente serían fusilados. Como un periodista no es noticia y, que todo lo que enfrenté fueron sólo amenazas, esto no me coarto seguir escribiendo lo que verdaderamente sabía, por lo que agradezco a El Mercurio de Calama que, en los momentos difíciles, me dio todo su respaldo para continuar investigando y trabajando cuando algunos pedían que rodara mi cabeza. No olvidar que los degollados (Nattino, Parada, Guerrero) ocurrió en 1985, mucho después del fusilamiento.
En mi poder, aún conservo la Sentencia de Primera Instancia que por aquellos años tuve en exclusiva y que posteriormente facilité a José Martínez Fernández, interesado en escribir un libro - el cual aún no conozco - para que lo tuviera como elemento de apoyo.
Creo, conocer mejor que ningún otro periodista, lo que efectivamente ocurrió e incluso, como se atrapó y logró confesar el crimen por parte de funcionarios de Investigaciones de Calama, a quienes incluso los CNI estaban acusando de ser también parte de la operación robo y crimen del Banco del Estado.
Lo que nunca pude hacer profesionalmente fue entrevistar a Hernández y Villanueva cuando ambos estaban recluidos en la cárcel. de Calama El único periodista que lo hizo fue Pablo Honorato. Recuerdo aún que el padre de Hernández, abogado Gabriel Hernández, me señaló: "para que lo va entrevistar usted, si ya hemos llegado a un acuerdo para que lo hago el señor Honorato".
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