LUIS CASADO
Este culebrón europeo de la deuda soberana y del euro se va pareciendo a Peyton Place. No termina de acabar. Siempre hay capítulos nuevos, intrigas recientes, cornudos que se ignoran, malas "buenas", buenas "malas", "buenas buenas"... Cuestión pegarse en la nuca esto se compara solo a Dallas, y no faltan tipos como el jota erre de los cojones ("yi'er" le llamaban los estreñidos de la próstata), e incluso alguna deprimida del cucumelo como Anita, la ninfómana que mataba a sus amantes, a la que el jota erre tiene que alegrarle los bajos muy a pesar suyo. Los brasileños no han inventado nada. La "Muchacha italiana que venía a casarse" de los años 60 es una alpargata vieja al lado de Angela Merkel, Nicolas Sarkozy, Rodríguez Zapatero y Papandreu interpretando "Lo que el viento se está llevando".
Después de la humillación de Grecia, obligada a bajarse los chiteco, la caída de los gobiernos de Irlanda y Portugal se ve prolongada por el sacrificio propiciatorio de Zapatero, que renuncia a sucederse a sí mismo en un (¿vano?) intento por salvar al PSOE de una debacle electoral de proporciones. Otro "socialista", el renunciado Sócrates, pasa por encima del rechazo del Parlamento portugués y va a pedirle ayuda al FMI y a la UE. Hasta ahí todo era previsible, a pesar de los desmentidos destinados a "devolverle la confianza a los mercados".
Zapatero impuso un programa de austeridad en el que la reducción de las pensiones fue el símbolo de lo que los "progresistas" están dispuestos a hacer para satisfacer las ansias de lucro de los filibusteros de la finanza. "A partir de 20 mil dólares per cápita empezamos a distribuir el ingreso", asegura un caradura que sueña con repetirse los espárragos en La Moneda. Miente. Para verificarlo basta con examinar lo que pasa en Europa, en donde la redistribución del ingreso se hace a favor de los privilegiados desde hace ya más de treinta años.
Christine Lagarde, ministro de Hacienda en Francia, intenta anestesiar al personal asegurando que lo de Portugal es el último capítulo del culebrón. Elena Salgado, su homóloga española, declara que Portugal será el último país de la Unión Europea que necesitará la "ayuda" del FMI y la UE. Curioso. Cuando lo de Grecia, dijeron lo mismo. Y después de lo de Irlanda. Y cada vez que las agencias de calificación de deuda amenazan con degradar la deuda de tal o cual país. España está a salvo pues, y uno se pregunta por qué lo repiten tanto. Si fuese cierto... se sabría. Hace dos o tres días nos enteramos que un par de cajas de ahorro hispanas necesitan 24 mil millones de euros más para no irse de espaldas. Suma y sigue. Reducir los salarios y el gasto público, privatizar hasta la fuente de Cibeles, hambrear a los jubilados, encoger los servicios públicos y la inversión pública del Estado y las Autonomías, todo eso no basta para liberar la "rentabilidad" que exigen los especuladores.
El culebrón continúa. Hace algunas semanas te conté que nuestros amigos portugueses nos decían (en noviembre pasado) que Portugal era el último bastión antes de que el contagio de la deuda soberana tocara a un gran país de Europa: España. E intentaban convertir esa espeluznante perspectiva en un argumento en favor de la defensa de Portugal contra los especuladores. Pero el FMI, en donde reina Dominique Strauss-Kahn, otro "progresista", solo conoce un método: poner a los pueblos de rodillas. Hacerles pagar hasta los intereses de una deuda que sirvió para enriquecer a los especuladores y a los privilegiados.
La Unión Europea (pero... ¿existe aun la Unión Europea?) se somete a los dictados de Alemania, empeñada en ganar "competitividad" reduciendo sus costes salariales. Francia, es decir Sarkozy, se inclina e impone a su vez un programa de austeridad. En el marco de una dura negociación franco-alemana realizada el año pasado, Sarkozy obtuvo el acuerdo de Merkel para movilizar 750 mil millones de euros: un fondo de garantía europeo destinado a disuadir a los especuladores (ya vemos con qué resultados...). Un par de meses más tarde, en otra reunión cumbre, Sarkozy le dice a la Canciller alemana: "Ya ves, estamos hechos para entendernos. Somos la cabeza y las piernas". Merkel le respondió rápida y abruptamente: "No, Nicolás, tu eres la cabeza y las piernas. Yo, yo soy el Banco..."
Dallas, te digo. Dallas...
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