Fernando Paulsen

El diputado de la UDI, Jorge Ulloa, escogió hace unos días dos conceptos fuertísimos para referirse a la Reconstrucción, y en la misma frase: "Hay un atraso muy importante. No podemos seguir escondiendo ni mintiendo, y por ese atraso hay que ponerle el acelerador a fondo para avanzar".

No seguir escondiendo ni mintiendo. Si ello hubiera estado en boca de un parlamentario o alcalde de la oposición, alguien de gobierno le hubiese salido al paso, destacando la "bajeza" de las imputaciones y, probablemente, recordando cómo se escondieron y mintieron las cosas durante los últimos 20 años. Eso es estándar al enfrentar críticas del adversario político, una acción automática, casi refleja. Pero quien lo decía era un diputado de la coalición de gobierno. UDI, además, del mismo partido de la ex ministra que llevaba la Reconstrucción hasta que apareció el fantasma de Kodama. ¿Cuáles son las razones del diputado Ulloa para hablar de esconder y mentir?

Para partir, no hay un informe, ninguno, que no dé cuenta de enormes atrasos en el distrito que Ulloa representa, Hualpén y Talcahuano. La situación es idéntica si de extiende a toda la Región del Bío Bío. Y con mínimas excepciones, este atraso sistémico se ve también en todas las demás regiones afectadas por el terremoto. Pero resulta que ya ha pasado más de un año del 27/F y las promesas y compromisos de la Reconstrucción empiezan a cumplir sus plazos. Promesas que provenían del gobierno central, del Minvu y los Serviu. Promesas de planos reguladores y no sólo de planos maestros. De subsidios reales no sólo de una reserva de fondos para futuros certificados de subsidio. De aceleración de subsidios regulares para el resto de los sin casa que no fue terremoteado, lo que no se ve por ninguna parte. De contar con un instrumento legal estable para que se opte a los subsidios, lo que en realidad nunca ha ocurrido, llenándose de normativas modificadas y vueltas a modificar hasta la exasperación.

Esta obsesión mediática de anunciar cientos de miles de subsidios, con nombre y apellido, en tiempo récord, sabiendo todos en el Minvu que no son subsidios de Reconstrucción reales, certificados, de esos que una vez entregados disponen legalmente de  un plazo para iniciar las obras, si no caducan, de esos subsidios que son la culminación del proceso de validación del beneficiario y del proceso completo de estudio y aprobación municipal de terrenos y títulos de dominio. Poco de eso está en la base de los anuncios incesantes del año pasado de los subsidios asignados. Porque fue más fuerte el narcisismo de demostrar la diferencia con los gobiernos anteriores, batiendo récords por doquier, antes que escuchar a quienes pedían instrumentos para la emergencia, conocedores que los que se estaban usando, más temprano que tarde, colapsarían a la hora de concretarlos. Hicieron promesas a sus alcaldes, parlamentarios, ministros  e incluso al Presidente, de que confiaran en su know how, cosa que esos dirigentes hicieron y repitieron lo que les decían del Minvu a sus votantes, vecinos y al país en cada discurso público. Hasta que empezaron a salir los números, que primero se explicaron, después se siguieron explicando y ahora necesitan ajustarse a los nuevos discursos y nuevas promesas, porque las del año pasado ya se sabe que no sirven, y con dos escándalos como el de Jacqueline Van Rysselberghe y el Caso Kodama, la verdad, muchos perdieron la paciencia de seguir esperando resultados milagrosos y no quieren seguir escondiendo los datos reales ni menos continuar mintiéndole al país sobre una Reconstrucción que ha funcionado más como paper de postgrado que como realidad de fierro y cemento, para gente de carne y hueso. Creo que entre estos últimos está el diputado Jorge Ulloa, por eso gritó como gritó.

Busquemos un punto de partida, para un nuevo relato (el cliché de moda) sobre las metas y plazos de la Reconstrucción. Aquí proponemos uno, pero puede ser otro. Lo importante es que los números registren la situación real actual y, a partir de ello, el país completo pueda seguir un proceso racional y verosímil de Reconstrucción. El Presidente deberá modificar su discurso y quizás todavía pueda batir un récord o dos. Y el ministerio a cargo deberá darse un golpe de humildad con sus propias cifras y las de la empresa privada, para iniciar un real diálogo con alcaldes e intendentes desde la complicidad de la tarea colectiva y la conciencia que desde los computadores de Santiago no basta.

El Minvu necesita ayuda porque está herido de muerte por los casos de JVR y Kodama, la renuncia de la ex ministra Matte, el descabezamiento del Serviu Metropolitano, las potenciales causas penales que se vienen encima, además de la lentitud en la Reconstrucción propiamente tal. Lo que puede generar un escenario muy nocivo de búsqueda de culpables, paralización de decisiones y recriminaciones internas que frenen lo que hay que hacer urgente en beneficio de gente que no tiene más alternativa que esperar a que el Minvu se despierte y se reponga.

Creo que un comienzo es lograr que el Presidente no diga algo un día que sea contradicho al siguiente por alguien del Minvu, respecto de metas y plazos. Desgraciadamente ocurrió en el juramento del nuevo ministro Rodrigo Pérez. El Presidente se puso el objetivo siguiente:

"Queremos que antes que comience el invierno (21 de junio), todas las viviendas que fueron destruidas, y cuyas familias actualmente se encuentran en Aldeas, hayan logrado ser entregadas a las familias beneficiarias o estén en un notable grado de avance". (Presidente Sebastián Piñera, juramento a nuevo ministro del Minvu).

Dijimos en El Post al día siguiente que esto era un cambio notorio de la promesa de noviembre del año pasado, sobre tener a junio de este año todas las viviendas que recibieron subsidio el 2010 ya terminadas o en franco estado de avance. Dijimos que las aldeas son menos del 10% de los subsidios de reconstrucción y adquisición, por lo tanto el Presidente cambió la promesa de un junio-2011 con alrededor de 48.000 casas reconstruidas por un junio-2011 que ahora promete  tener listas aproximadamente 4.500 casas.

Sin embargo, quizás ni eso sea posible. Un día después del juramento del nuevo ministro, el Coordinador de Reconstrucción, Pablo Allard, señaló lo siguiente: "...todas las familias damnificadas, que viven en aldeas, dentro de este año ya van a saber dónde va a estar su casa, cuál va a ser, y la meta es que antes del próximo invierno todas ya estén trasladadas a sus viviendas definitivas". Lo que el Presidente define como meta de este comienzo de invierno, el traslado de gente de Aldeas a sus casas definitivas, Allard lo define como meta del invierno del 2012. Lo que va a estar listo este año, según Allard, es un terreno que se puede conocer, una maqueta de casa que se puede conocer, pero la casa real no estará hasta el próximo año. ¿Quién ajusta el discurso, el Presidente o el Coordinador de Reconstrucción? Me imagino que quien sabe más de esos plazos y esas metas debe ser el que está a cargo del proyecto, y ese es Allard. Pero alguien le dijo al Presidente otra cosa. El Presidente le creyó y lo transmitió al país como nueva promesa. ¿Cómo interpreta el parlamentario de la zona con Aldeas y subsidios de reconstrucción este mensaje a dos bocas?

Por eso, lo primero es lo primero: hay que corregir los discursos públicos para que sean consistentes entre las distintas fuentes oficiales. Para hacerlo, sirve consensuar las cifras básicas. Por ejemplo, el gráfico a continuación es un estado de la Reconstrucción  por la Cámara Chilena de la Construcción, CCHC:

 

 

Se ve claramente el objetivo cumplido de colocar la mayor cantidad de subsidios durante  el 2010. Lo que se consideró, obvio, un récord: 132.829. La meta para diciembre de este año es, como se sabe, 220.000 subsidios, percibiéndose un mayor avance hacia esta meta en subsidios de Adquisición y Reparación que en los de Construcción. La misma institución ilustró los estados de iniciación de obras a febrero de este año. Y el resultado es este:

 

 

 

Como se ve, lo que anda más lento es lo más dramático: los subsidios de construcción, que corresponden a casas que se perdieron totalmente. A febrero de este año, en las dos modalidades, Construcción en Sitio Propio (CSP) y Construcción en Nuevos Terrenos (CNT) se observa un avance en iniciación de obras y proyectos en desarrollo sobre subsidios entregados de 14,5% en el caso de CSP y de 44,5% en el caso de las CNT. Las proyecciones en las dos modalidades a la meta de diciembre de este año, supuestamente con la totalidad de los 220.000 subsidios entregados, se percibe muy lejana. En el caso de las CSP esa proyección establece que a este ritmo tendremos sólo un 5% de cumplimiento y en el caso de las CNT se cumplirá con poco más de un tercio de lo deseado. Estamos hablando que la Cámara Chilena de la Construcción pronostica que como va la Reconstrucción, a diciembre de este año, de un total de 60.000 subsidios a entregar de construcción en sitio propio, sólo 3.000 estarán construidas, con obras iniciadas o en ejecución. En referencia a construcción en nuevos terrenos, de 25.000 subsidios que se deben entregar, los avances hoy apuntan a terminar el año con sólo 35% de obras construidas, iniciadas o en ejecución.

Las otras dos posibilidades de subsidios de Reconstrucción no están mucho mejor: la adquisición de casas tiene la mejor proyección. A ojos de hoy la CCHC ve que se llegaría a la mitad de las metas, alrededor de 12.000 casas compradas de un total de 20.000. Sin embargo, en lo que debiera ser uno de los subsidios más rápidos, porque implican reparar y no construir algo que estaba en el suelo, los subsidios de Reparación de 55 UF cada uno, los más numerosos de todos, correspondiente al 50% del objetivo final de entregar 220.000 subsidios, esos subsidios de Reparación están también muy atrasados, proyectándose que al actual ritmo estarán iniciados o en ejecución sólo el 43%.

Sobre la meta total, incluidas todas las modalidades y volúmenes de subsidios, según proyectaba la Cámara Chilena de la Reconstrucción en febrero, antes de la salida de JVR y antes de la renuncia de Magdalena Matte y el descabezamiento del Serviu, se llegaría a diciembre con 220.000 subsidios entregados y un estado de avance en iniciación y ejecución de obras de apenas poco más de un tercio.

Si vemos la situación focalizada en la región con más subsidios y mayormente afectada, la del Bío Bío, el Minvu ofrece este gráfico a marzo de este año:

 

 

 

Las siglas son distintas, pero apuntan a las mismas cosas. Las viviendas a construir son las del Fondo Solidario de Vivienda (FSV), además de las que están en sitio propio y pueden escoger de entre diversos tipos de vivienda (CSPPT). Los subsidios de Reparación de 55 UF cada uno se denominan aquí PPPF. La adquisición de casas se divide en si están destinadas al primer quintil de pobreza o segundo quintil (AVC I y II) y en los subsidios para clase media de adquisición de casas de hasta 2.000 UF, con crédito bancario complementario (DS40).

Como se aprecia en el gráfico, se repite aquí el patrón registrado por la CCHC: muchos subsidios asignados, iniciaciones de obras que no se definen y finalizaciones concretas muy pobres. Tan solo 89 casas construidas de 12.259 subsidios en un año. Si lo vemos por la modalidad de escoger el tipo de casa que se quiere construir (CSPPT), las que serían más rápidas de levantar por ser prefabricadas, el resultado es que de 9.228 subsidios otorgados en esta forma, un año después del terremoto hay iniciadas obras en un 10% de ellas, y terminadas tan sólo 225 casas. Como también se vio en los gráficos anteriores, los subsidios de reparación se concretan en alrededor de la mitad de los otorgados. Y las casas que se deben adquirir, se inician los papeleos, pero no muestran aún resultados.

¿Cómo no va a estar algo inquieto un diputado de esta Región del Bío Bío? Más aún si observa que en el Minvu santiaguino se cae la estantería, con ministra y todos los ejecutivos del Serviu, por el caso Kodama. Las cifras no requieren tanta explicación, necesitan que se mejoren en la práctica. Y uno de los problemas para ello es la abundancia de eufemismos y medias verdades sobre subsidios asignados, otorgados, entregados, iniciación de obra, ejecución de obras, planes maestros y demás conceptos que muchas veces se usan para disfrazar los avances reales de la Reconstrucción.

Debido a lo anterior, humildemente propongo fijar nuevos estándares que compartamos todos y que confundan menos. Son simples, cuantificables y, mejor aún, verificables fácilmente por alcaldes y autoridades regionales. Cuando el Presidente se refiera a ellos, todos sabremos de qué se trata.

Consiste en lo siguiente: olvidémonos de las cuentas por subsidios asignados u otorgados. Para medir avance podemos informar de esta manera:

1. Los Subsidios de Reparación, los más rápidos en ejecución, que se cuenten cuando están terminados, ya que sólo así sabemos que han sido oportunos y cumplieron su objetivo.

 2. Los Subsidios de Adquisición que se cuenten cuando están pagados.

 3. Los Subsidios de Construcción que se cuenten por: (son más largos los procesos, por lo cual se pueden dividir en tres los tiempos)

a) Permiso de Edificación Otorgado, (en vez de asignación de subsidios) 

 b) Instalación de Faenas de Construcción (certificada por la Dirección de Obras de la Municipalidad, DOM, en vez de obra en ejecución) 

 c) Recepción definitiva DOM (obra terminada)

Creo que se facilitaría la transparencia de la información sobre la Reconstrucción si los énfasis estuvieran puestos de esta forma, antes que en el incentivo de mostrarle al Presidente que se han batido récords en la asignación de subsidios, que no dice nada del estado real de avance de la Reconstrucción.

Quizás si convenimos en un nuevo estándar de medición de lo que se hace efectivamente en la Reconstrucción, podremos volver a mirar el proceso como una labor de todo el país y no como un coto exclusivo de expertos que crecientemente son cuestionados por quienes debieran apoyarlos, y que mantienen al Presidente de la República a merced de datos contradictorios.